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Consumo de alcohol y drogas en adolescentes

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Consumo de alcohol y drogas en adolescentes

Por Consuelo Middleton

Diversos estudios alertan sobre el gran daño del alcohol, el tabaco y las drogas en el cerebro de niños y adolescentes. A su vez, un consumo habitual de estas sustancias puede provocar problemas psicológicos como depresión, delirios, esquizofrenia, o una adicción que los lleve a su deterioro físico, mental y emocional.

En la actualidad, son muchos los estudios que hablan acerca de los daños que producen las drogas, tanto lícitas como ilícitas, en el cerebro, sobre todo cuanto éste se encuentra en desarrollo; en otras palabras, los efectos de las drogas en el cerebro de niños y adolescentes es claramente nocivo e irreversible. Durante esta etapa, el cerebro tiene una gran plasticidad, es moldeable a los estímulos del entorno y aún más moldeable a los efectos químicos que experimenta con el consumo de drogas. Es por esto que el consumo de alcohol, tabaco, marihuana, pasta base o cocaína es tan perjudicial en este periodo.

La etapa de la adolescencia, en la cual los jóvenes están formando su propia identidad, diferenciándose de sus padres y probando sus límites, es común que varios de ellos consuman alcohol o drogas para sentirse que pertenecen a un grupo, por satisfacer su curiosidad, mostrarse mayores, pasarlo bien u olvidar sus problemas. Como padres, es importante protegerlos de las drogas durante esta etapa, tarea que puede prevenir que nuestros hijos tengan problemas sociales, familiares o problemas psicológicos, que van desde la depresión, hasta delirios, esquizofrenia, o una adicción que termine por llevarlos a su deterioro físico, mental y emocional.

Según la página gubernamental de Estados Unidos “Get Smart About Drugs”, los factores que ayudan a la prevención del consumo de alcohol y drogas entre los jóvenes, son los siguientes:

  • Lazos fuertes con padres o cuidadores.
  • Alta autoestima.
  • Padres o cuidadores que hablan regularmente con los chicos sobre las drogas.
  • Ser activo en organizaciones confesionales, la escuela o en actividades atléticas o comunitarias.
  • Pasar tiempo cerca de modelos positivos.
  • Vivir en una comunidad que ofrezca actividades juveniles en las que no se toleren las drogas y el alcohol.
  • Asistir a una escuela con un programa efectivo de educación sobre alcohol y drogas y una política de cero tolerancia al alcohol y a las drogas.
  • Creer que consumir drogas puede ser nocivo o arriesgado.

En conclusión, los padres apoyados con la comunidad educativa y trabajando en forma conjunta, son un fuerte núcleo protector en la prevención de alcoholismo y drogadicción de los jóvenes, permitiendo que las futuras generaciones crezcan de forma sana, segura y feliz.

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