Boletín
Comentario sobre el Sistema de Admisión Escolar (SAE), más conocido como “tómbola”
Muy lejos de acortar las brechas sociales y educativas, la “tómbola”, el sistema es discriminatorio, vulnera la libertad de enseñanza y el derecho de los padres de elegir qué colegio prefieren. Además, el proceso no asegura tener los cupos suficientes.
El Sistema de Admisión Escolar del Estado (Ministerio de Educación), más conocido como “tómbola”, comenzó a operar de forma gradual en 2016, al amparo de la ley Nº 20.845 (Ley de Inclusión), y es el único método para que las familias puedan postular a las vacantes disponibles de los establecimientos educacionales subvencionados y públicos.
Su principal objetivo es “entregar más justicia al sistema, pues centraliza y digitaliza las postulaciones a colegios que reciben subvenciones del Estado (públicos y particulares subvencionados), eliminando las entrevistas a los padres, las pruebas de admisión, las filas en los establecimientos y la presentación de antecedentes”.
¿Cómo funciona?
Este sistema funciona de manera centralizada a través de una página web habilitada por el Ministerio de Educación. Cada año se abre el proceso de admisión para que los padres puedan postular a sus hijos a los colegios estatales que aparecen con cupos disponibles y según sus preferencias de proyecto educativo, reglamento interno, actividades extracurriculares, aranceles, ubicación, entre otros.
Posteriormente, el Ministerio de Educación ejecuta un proceso (algorítmico) en el que pondera estadísticamente diversos criterios de prioridad, como por ejemplo, hermanos en el establecimiento al que se postula, hijos de funcionarios del colegio o hijos de exalumnos. El ministerio de educación asigna diferentes niveles de importancia a estos criterios, y como resultado el sistema arroja una asignación de establecimiento educacional a cada postulante, idealmente dentro de sus preferencias.
¿Por qué este sistema ha fracasado?
El sistema SAE fue creado con la promesa de reducir las brechas educativas y nivelar la igualdad de oportunidades, pero en la práctica los padres cuestionan su efectividad, asegurando que es “un fracaso” desde distintas perspectivas.
El problema es la baja oferta educativa, lo que hace que el número de vacantes sea menor a la cantidad de postulantes. Esta postulación se realiza por ordenamiento aleatorio, razón por la cual lo llamaron “tómbola”. La selección del SAE de aquellos estudiantes que se cuentan dentro de las categorías prioritarias produce mucha frustración en las familias chilenas. La sensación de tener que matricular a un hijo en un colegio asignado por el Estado puede ser vivido casi como opresión. Sin embargo, cualquier sistema de admisión escolar centralizado estará destinado a arrojar resultados frustrantes a las familias si tenemos en cuenta que los establecimientos educacionales preferidos por los postulantes no tienen las vacantes necesarias para cubrir la demanda. Las estadísticas recientes muestran resultados lamentables:
| Preferencia | Tipo de establecimiento | 2019 | 2020 | 2021 |
| Primera Preferencia | Municipales | 31,2% | 32,1% | 31,3% |
| Particulares subvencionados | 68,8% | 67,9% | 68,7% | |
| Segunda preferencia | Municipales | 30,9% | 30,9% | 30,6% |
| Particulares subvencionados | 69,1% | 69,1% | 69,4% | |
| Tercera preferencia | Municipales | 30,6% | 29,8% | 29,6% |
| Particulares subvencionados | 69,4% | 70,2% | 70,4% |
Antecedentes publicados por Acción Educar en base a información del Mineduc.
En los tres primeros niveles de preferencia, los colegios particulares subvencionados duplican las postulaciones a las escuelas municipales. Lamentablemente los colegios particulares subvencionados no dan abasto a esta demanda. Así, en 2021, las vacantes de los colegios particulares subvencionados fueron 482.163 y la postulaciones 1.060.853.
En cambio, las vacantes de establecimientos municipales fueron de 569.830 4 y las postulaciones solo registraron 460.713, muy por debajo de la oferta.
En el proceso 2022 (en el que se asignaron las postulaciones para 2023) el número de postulaciones aumentó un 28,3%, mientras que las vacantes aumentaron sólo un 6%.
Entre otros efectos, la incapacidad de generar oferta educativa significó una abrupta caída en el número de postulantes asignados a su primera preferencia: de 55,6% a un 49,1%. Este es un síntoma grave, ya que indica un alto grado de insatisfacción con el sistema.
Principales falencias del SAE
- No se cumple el principio de “No Discriminación”
Cada año, muchos estudiantes siguen quedando fuera de los establecimientos educacionales seleccionados dentro de sus opciones. Como consecuencia, sus padres deben realizar largas filas e incluso acampar en las afueras de los colegios con el fin de conseguir un cupo en caso de correr la lista por algún postulante que desistió. Muchos niños no lo logran y quedan sin colegio perdiendo el año escolar.
Además, los padres critican que muchas veces no logran postular porque el servicio tiene problemas de conectividad y la página se cae. En consecuencia, las familias tienen que optar por “lo que hay”, que en muchos casos se convierte en un “no hay”, debiendo evaluar opciones de centros educacionales alternativos como los conocidos 2×1 o exámenes libres al optar por el homeschooling.
2. Atenta contra la libertad de enseñanza
El sistema SAE contempla únicamente la postulación a establecimientos públicos y particulares subvencionados, por lo tanto, solo aquellos que tengan la capacidad monetaria podrán optar a colegios particulares, quienes son los que ofrecen una mayor variedad de modelos, programas, talleres extracurriculares y mallas educativas.
El otro problema; la falta de oferta educativa.
Todo lo anteriormente mencionado refleja las problemáticas más evidentes del Sistema de Admisión Escolar a 7 años de su implementación, dando una clara señal de la crisis educacional que vivimos como país. Ningún gobierno en los últimos años se ha hecho cargo de mejorar la calidad de los establecimientos que subvenciona el Estado. No existe incentivo para la creación de nuevos establecimientos educativos que permitan aumentar las posibilidades de admisión, y que además, contemple variados modelos y mallas que desafíen a los estudiantes a perseverar en sus propósitos y sueños. Hoy en los sectores de escasos recursos estas posibilidades se ven tajantemente anuladas.
Conclusión
La situación del sistema de educación chilena es crítica. Pareciera que el debate político sobre educación se reduce a mayor o menor participación del Estado, y a la vieja pugna entre la capacidad de los privados y el sector público. Mientras el debate fluctúe entre esos dos polos no podremos esperar mejora alguna. Sólo cabrá ver cómo se incrementa la brecha de aprendizaje entre establecimientos de financiamiento estatal y colegios privados.
El sistema de asignación y admisión escolar seguirá topando con la falta de cupos y con la nula creación de nuevos establecimientos educacionales de excelencia. Así, cualquier tómbola o sistema de admisión escolar algorítmicamente refinado estará destinado al fracaso.



