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Educación preescolar en Chile: La eterna deuda

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Educación preescolar en Chile:
La eterna deuda

Por Consuelo Middleton

Estudios y expertos de todo el mundo coinciden en que las prioridades de cualquier sistema educativo deben estar enfocados en la educación inicial. Sin embargo, en Chile no vemos acciones en esta línea.

Desde hace algunas décadas, y según un sinnúmero de autores, la educación preescolar es de suma importancia para la formación de las personas y un factor que fuertemente impacta en la sociedad y en el desarrollo de un país.  Sin ir más lejos, la UNICEF plantea que las “oportunidades de aprendizaje temprano y la educación inicial son esenciales para el desarrollo de niños y niñas en su capacidad de prosperar”.

En el ámbito de la neurociencia, diversos autores han asegurado que desde el primer año hasta los seis años de edad, existen las mejores condiciones en el desarrollo neuronal de una persona para adquirir las herramientas para desarrollarse y desenvolverse a lo largo de su vida.

Si se analiza desde el punto de vista económico nos encontramos con muchos estudios, libros y conferencias que hablan de los beneficios de la educación inicial. Una voz relevante es del Premio Nobel de Economía en 2000, James Heckman, quien declaró que la inversión en la edad temprana promueve la equidad y justicia social, a la vez que favorece la productividad en la economía, especialmente si dicha inversión se realiza en los sectores más vulnerables.

En lo que se refiere al desarrollo social, se destaca el estudio High Scope Perry School de la Universidad de Chicago, el cual comenzó el año 1970 y culminó después de 40 años. En ella se evaluó a dos grupos de niños nacidos en la pobreza; aquellos que recibieron educación preescolar y quienes no la recibieron. La investigación demostró que los niños del primer grupo tuvieron más posibilidades de concluir sus estudios y disponer de mayores ingresos. Sin embargo, aquellos que no recibieron educación preescolar, obtuvieron menores calificaciones durante su etapa escolar y menos ingresos en la vida laboral.  A su vez, este segundo grupo presentó cifras más alta tasa de criminalidad.

Para el Gobierno de Chile, estos puntos parecen no ser muy relevantes. Si así lo fuera, se priorizarían los recursos suficientes destinados a la educación preescolar para implementar jardines infantiles, invertir en infraestructura, contratar profesores y personal necesario y todo lo que requiere la educación temprana para asegurar que ésta sea un derecho de todos y de calidad.

Lamentablemente, las cifras confirman esta “deuda” sostenida con la educación parvularia. El año 2024, el Ministerio de Educación disminuyó el presupuesto para este sector en 2.000 millones de pesos, y para el 2025 las cifras vuelven a estar a la baja. Las prioridades de Estado están claramente en la educación superior donde los recursos superan en 3 veces a los que recibirá la educación primaria. El foco de los esfuerzos se mantiene para el año 2025 en la gratuidad, la condonación del CAE y la implementación del programa FES. Un 45% del presupuesto en educación se destinará a estas “prioridades”.

Podemos concluir que la educación parvularia y la reactivación educativa, nuevamente quedan relegadas a que vengan tiempos mejores.

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